VA DE GIRA: ” Volare”

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TIJUANA 15 de octubre

Los últimos días anteriores al viaje los pasé completamente descontrolado. Sí, porque tu cabeza empieza a entender que te vas como una semana antes. Sabes que vas a salir por un tiempo y, yo al menos, trato de preparar la maleta tranquilamente, incluso me propongo escribir una lista mínima y respetarla,  sólo lo necesario, ni una camiseta más, ni unos calzoncillos menos, … Pero no lo puedo evitar y la voy cargando como si me fuera al desierto y no tuviera la oportunidad de conseguir de nada… Nunca lo logro. Entro en internet y miro el tiempo:” Uf, puede que pase frío si tocamos al aire libre”,” Ostras también puede que pase calor”..¿ Me llevo mucho abrigo?,¿ Echo el bañador?, ¿ Y si me baño,¿ Echo las gafas de nadar?. Soy terriblemente hipocondriaco y pienso que me puede pasar de todo. Llevo una para-farmacia, vitaminas, complementos alimenticios… Me cociné hasta la cena para el avión, como hace Arzac pero en cutre, claro. Me la cociné y me la dejé en casa. Cuando ya en el vuelo me preguntó la azafata:”¿ Albóndigas o pasta?.” Yo le respondí:” ¿Sabes que ya se puede decir almóndigas?, no le hizo mucha gracia y le dije: ” No quiero nada, me he traído mi cena”. ” Bueno sí, una botella de vino, gracias”. Metí la mano en mi mochila y no encontré ni rastro de mi cena, únicamente dos huevos duros que añadí de “fondo de armario”. Me acordé de los hermanos Marx y de la escena del camarote. La azafata se percató de mi olvido y mirándome como sólo mira un oriental, sospechando, sonrió.
Como están los vuelos eh!. De la comida mejor no diré nada, pero la tripulación parece que se hayan peleado con alguien antes de subir. En fin, casi el mismo nivel de disgusto y de entrega que el que preparó las “almóndigas”.

Los dos días antes de viajar andaba medio autista por mi casa. Es como si me concienciara para meterme ese casi un día de avión, y tuviera que mentalizarme lentamente, como los buzos cuando suben a la superficie.  En todas las giras lo que más cuesta es arrancar, cambiar el “chip”, pero en esta especialmente. Llevaba sin girar diez meses, en casa, con la familia y en tres o cuatro años no había parado tanto tiempo.  Todos  en casa estaban muy sensibles y parecía que querían vivir los últimos instantes con mayor intensidad. Recuerdo a mi “churri” diciéndome, ¿ Pedro has terminado de hacer la maleta?, es que parece que te has ido ya… Y yo contestándole. “Sí, casi, me quedan sólo las cosas de aseo…” Y me iba otra vez al mundo del vuelo: ” ¿Me tocará pasillo?…”

Han sido muchos vuelos y, en realidad, todos se parecen. A veces, cuando volamos, imagino que estoy en un autobús, o en el metro, o yo que sé, supongo que para olvidar que hay una altura considerable de 12000 pies y así  no acojonarme. A la gente creo que también le pasa algo similar y los viajeros están medio ausentes. Sabemos que existimos únicamente cuando vamos al baño, nos fijamos en el otro cuando se abre la puerta y rezamos para que ese ser humano salga y no lo haya dado todo antes de entrar tú. Si es así, sueltas algún taco y te enfadas  por haber conocido tan íntimamente a un desconocido.  O si te toca el bebé llorón al lado o los golpes que te dan cuando pasan con el carrito de venta a bordo. Molan mucho, sobretodo cuando estas profundamente dormido y te atropellan en todo el tobillo. Es muy agradable. Y el capitán compartiendo ese momento de acercamiento íntimo al pasaje anunciando la hoja de ruta. Ayer creo que se sentía muy solo porque nos soltó un rollo sobre viaje que más que hablar del vuelo parecía que lo estaban examinando de geografía.

Desde luego volar ha cambiado. Recuerdo aquellos vuelos en que la tripulación se enrollaba con nosotros, nos traían de todo y el viaje se convertía en un festival. Ahora es todo gris, gente con cara de haber visto un crimen, las azafatas que antes de salir ya parecen que han viajado dos días, se han ido de “afther” y no han tenido tiempo de echarse un rato. Los baños huelen a pis y la gente sube al avión  llevándose media casa en vez de una maleta de mano. Les falta traer una gallina al estilo de las películas de Buñuel. Aún así, el viaje de ayer, aunque cansado, pasó rápido. Es cierto que me metí un pastillón y dormí profundamente. Recuerdo que me desperté para ir al baño y me costaba moverme. Parecía que estaba en plena pesadilla, no lograba enfocar bien, ni apuntar al retrete….

Lo más  duro de todo fue despedirme de Laura y los niños. Se te parte el alma, pero siempre digo lo mismo: ” A partir de ya comienza la cuenta atrás…¡¡Volveré!!”. Y cierro la puerta del ascensor. Luego llegas al aeropuerto, te encuentras con los compañeros y entras en el modo gira, mitad excursión del cole y mitad “reality show”… Te relajas, y piensas que es lo de tantas otras giras, que ya lo conoces y que ya sabes a lo que vas. Aunque ninguna gira es igual, como ningún día de tu vida es el mismo…

Pues se voló ( “y yo volé de él”: broma, por el momento, inexplicable y que no viene a cuento) y se llegó a Tijuana. Para no dormirnos y aguantar hasta la noche, cruzamos la frontera y pasamos la tarde en un centro comercial de San Isidro… Qué cansados son los centros comerciales… Pero gracias a eso estamos “in Time”.

Ahora toca “volare” pero con mi almohada, que siempre  me acompaña…
Hasta pronto!

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VA DE GIRA: Nos vamos!!

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Madrid 13 de octubre

Las giras son de los productos que más escasean en este mercado de la música. Irse de gira tiene un componente de suerte como si te hubiera tocado la bono-loto. Quedan muy pocos artistas que salgan de gira y que crucen el charco.
Sabina es uno de ellos y casi sin pensarlo llevo 13 años con él.
Todavía recuerdo cuando lo conocí… Ya me habían contratado en su su oficina pero físicamente no nos habíamos visto. Joaquín me invito a Valencia para ver uno de sus conciertos y conocernos. Estuve hablando con Antonio Garcia de Diego en la comida y me explicaba como se trabajaba con Joaquín. Fui con Laura, mi mujer, y nos acercamos a la prueba de sonido. Pancho me dijo que si quería tocar el cajón en algún tema. En esa formación sólo iban ellos dos y Olga, muy chiquito todo, muy minimalista( creo recordar que se llamaba “En paños menores”). En un momento de la prueba sacaron un cajón y Pancho me hizo un seña para que tocara. Subí y toqué ” Nos sobran los motivos”, me parece, y cuando acabé, Joaquín me comentó: ” Tocas cojonudo, pásate esta noche y te subes a tocar”. Todos se rieron y Pancho le dijo: ” Joaquín, es tu batería, va a venir a tocar con nosotros…”
Así nos presentamos y añadió:” Habrás pensado que soy un completo gilipollas” y se rió.
Por la noche me invitó a que me incorporara a esa ultima parte de esa gira y así lo hice. Olga me iba diciendo las entradas, las salidas y los cortes en cada canción ya que no tuve tiempo ni de aprenderme los temas, pero lo hice y  lo grabaron para incluirlo en la parte acústica del disco en directo.
Tocar con Joaquín fue una sorpresa para mí.  Su banda, el ambiente, la manera de estar en el escenario, su carisma, .. No me lo esperaba.
Recuerdo un día, dentro de la gira de “Sabina y Cia” que yo salía con una pata de jamón haciendo de charcutero. Me dijo: ” Pedro como batería bien, pero el personaje ese que haces tipo Buster Keaton me encanta”. Este es Joaquín.
Yo nunca suelo rondar su camerino, para no molestar, supongo, pero siempre me llamó “mi batería” y yo le llamé “jefe”. A estas alturas todo el mundo me reconoce como el batería de Sabina. Para mí fue un honor acompañarle aquel día en Valencia, con aquel cajón y sigo sintiéndome orgulloso de estar detrás.
Sí, es de los pocos que todavía giran, de los pocos que cruzan el charco, de los pocos que suben al escenario y  son ellos, que saben comunicar y comunicarse, de los pocos a los que se le puede llamar poeta. Cantante sin voz, es cierto, pero con aquella voz que te araña el alma.
Nunca suelo decir estas cosas, pero ya iba siendo hora. A propósito, ya va siendo hora de hacer la maleta porque: ¡¡ Mañana nos vamos de gira!!!

 

 

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DRUMS & VOICE

Yo empecé a tocar  en los sillones de mi casa. Eran de skay y sonaban increibles. Memorizaba las canciones con sus ritmos, así que para recordarlos cantaba la canción.  De esa manera descubrí que melodía y ritmo van unidos y que no tiene sentido el uno sin el otro.

Esa es la base del proyecto que ha llenado mi vida desde siempre y en particular durante las dos últimas décadas. Fui consciente de que mi batería sonaba mejor si me cantaba internamente melodías, subdivisiones o incluso simples respiraciones acompasadas.
He estado analizando el proceso y preguntándome: ¿ Por qué la batería necesita de una guía melódica para cobrar sentido?.
Me lo pregunté una y otra vez, esperando obtener la respuesta, y he llegado a algunas conclusiones. De esto va a tratar mi artículo y mi proyecto: Bienvenidos al mundo de ” Drums&voice”.

La batería es, en su esencia, un instrumento de acompañamiento. Su función es básica, es como los cimientos en una casa, la estructura donde se acomodan los demás músicos. Para algunos baterías acompañar significa mantener un ritmo exento de adornos excesivos porque, dicen, molesta a la canción. Esto  lleva a muchos músicos a pensar que acompañar es relativamente sencillo, aunque castrante, y que el momento del “solo de batería” es la gran oportunidad de dar rienda suelta a todo lo que hemos practicado,  con toda la velocidad de que somos capaces de ejecutar, y con esa maquinaría abrumadora que es una batería: doble pedal, platos, toms… Energía, testosterona en estado puro…Descarga!!!. Lo entiendo, porque yo, con 17 años, únicamente esperaba ese gran momento  del “solo de batería”. El resto era coser y cantar:¡ “Bah! Qué aburrido es acompañar! ( pensaba).
Es un tópico, pero es la verdad; los baterías siempre estamos redoblando, haciendo figuras mientras los demás discuten sobre un acorde. Nos gusta repartir sin tregua y aburrimos a cualquiera.  Entonces,¿dónde está la gracia de acompañar?. ¿ Qué significado tiene el seguir a una melodía?.

De eso  trata ” Drums & voice”.

La batería, en cualquier situación, necesita algo melódico para guiarse, si no se pierde. En cualquier situación, quiere decir, incluso cuando desarrollamos un solo. Improvisar puede ser lo más maravilloso y creativo del mundo o, en el caso de la batería, una ensalada de golpes y de frases hechas, unidas con más o menos gracia, pero sin ningún sentido y, lo peor, sin ninguna emoción. Tocar lo que hemos practicado X horas al día es como escuchar a un loro repitiendo lo que memorizó de sus amos. Nos “flipa” el loro, pero el animal no es capaz de transmitir ningún mensaje coherente.
Pido perdón por si alguien piensa que estoy diciendo que estudiar técnica es malo, porque no es mi intención. La técnica es necesaria para adquirir un lenguaje, pero no es suficiente para crecer musicalmente. El ejemplo del loro en la batería sería tocar basándonos en repetir movimientos, “chops”, licks, etc, usando la memoria, la parte matemática del cerebro. Es como si un discurso se desarrollara así, por ejemplo: ” Hola buenos días, tengo ganas de comer, creo antes que yo, vuelvo hacía mi hogar con calcetines cortos pero nado dos kilómetros, por la tarde, creo lo que me dicen y no salto..etc,etc”. Nadie entiende qué quieres decir porque no hay ningún mensaje.

¿ Cuándo empieza a tener sentido la técnica?. Cuando, una vez adquirida, nos olvidamos de ella. Cuando la usamos sin pensar, de una manera espontánea, tocando como si de un juego se tratara.  En realidad para mí ocurre en el momento que empezamos a trabajar para una melodía e interactuamos con otra melodía que casi nunca escuchamos: la melodía interna.(¡¡ Adiós!!!,¿ Qué ha dicho este hombre?,¿ Melodía interna?)… Pues sí, nuestra voz haciendo melodías internamente. Tú la escuchas pero no hace falta que te escuchen los demás. Igual que cuando vas por la calle  pensando en tus cosas, también puedes imaginar ritmos, melodías, o crear loops con lo que hay fuera y  te imaginas dentro. ¿ Nunca habéis jugado con el sonido de los railes del tren cuando viajáis?. Es alucinante los ritmos que surgen en tu cabeza. La melodía interna es tu voz interior hecha música. Ahí empieza todo.
Imaginaros que estáis acompañando una balada, la melodía de la voz la oís, el bajo lo oís, el piano, etc.. Hacéis el patrón y no camina, no sentís el groove. ¿Qué  falta?, Algo fundamental, necesitáis sentir el silencio, el espacio que deja vuestro ritmo entre cada nota. ¿ Y cómo se puede lograr eso?.  No sé cuál es la manera pero yo lo consigo cantándome internamente las subdivisiones melódicas que me hagan apreciar lo que dejo de tocar y me sitúen en el espacio. Es simple, si soy capaz de valorar lo que no toco los demás instrumentos se posicionarán dentro del lugar que les dejo y harán su trabajo más relajados y más cómodos. ¿ Y cuando improvisamos?. Es cuando más necesitamos crear internamente melodías y subdivisiones, como si fueran ostinatos o unísonos, como si perteneciéramos internamente a un instrumento melódico. Es crear un motivo al que seguir y automáticamente nuestro fraseo cobra otra dimensión más musical.

No quiero parecer un “colgao” que habla de conceptos raros. Lo cierto es que es algo que todos tenemos. Hablamos internamente con nuestros pensamientos y con lo que sucede a nuestro alrededor. Es un diálogo constante. Cuando tocamos puede ocurrir lo mismo, pero en este caso todo lo que se crea es ritmo y melodía y le damos forma con nuestro instrumento. Y todo se mueve de dentro hacia fuera y al contrario. Si cuando tocamos sólo nos basamos en lo adquirido desde fuera y no somos capaces de relacionarlo desde nuestra melodía interna, no tendremos discurso.
Todo empezó para mí cantando cuando tocaba; tocar y cantar era el juego.

Escuchar una batería sin crear una melodía que sirva de guía no tiene sentido. O dicho al revés, si escucho una melodía, automáticamente imagino un patrón para acompañarla. Así funciona la música dentro mí.
Es extraño, lo comprendo, pero no imposible. He aprendido a valorar el silencio, a entender el groove, a solear con un fraseo musical gracias a que al tocar, escucho esta melodía interna. Nunca me siento perdido y siempre encuentro una frase para ayudar a la canción. Es sencillo y complejo. Un juego de niños que hay que empezar desde cero.

Por esa razón he creado este proyecto que ocupa un lugar en mi vida y un espacio en mi web. Poco a poco pondré en este lugar algunos videos, tutoriales, consejos para mostrar como funciona mi sistema y, si os interesa, compartirlo.
En el video que acompaña a este artículo, os pongo un ejemplo muy sencillo para crear subdivisiones melódicas. Es intentar emular a un rapero, sin letra claro. Es un juego divertido que os da otra proyección a vuestro groove. Aunque no se oye todo el tiempo, desde el primer momento estoy cantando el ” riff ” de la canción menos cuando” rapeo”. La batería creó el patrón y la estructura siguiendo a mi voz. Después hice los ” recordings” de los demás instrumentos…
Espero que os guste.

¡¡¡¡Bienvenidos a “Drums&voice”!!!!

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El Mundo esta al reves

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Por el titulo de este post parece que vaya a arremeter contra todos y despotricar contra todo lo que se menea. Ya  sé que cualquier estrato de la sociedad está”dado la vuelta”, y que lo que más sobra en todo lo que realiza el ser humano es:”despropósito”. Y ademas, una de las acciones que más nos motivan a la mayoría es juzgar a los demás. Vemos el defecto en el prójimo y nos encanta recrearnos en lo mal que se lo montan los de enfrente. Y es cierto, todos tenemos defectos, algunos de nosotros estamos llenos de faltas y nos  observamos unos a otros como si  perteneciéramos a la Santa Inquisición . Es verdad, falta honestidad, generosidad, solidaridad, sinceridad, integridad… Y una larga lista  de  palabras acabadas en “dad”. Todos llevamos el “chip” de debate televisivo y aplicamos el ” qué se dice que me opongo” como algo normal, lógico, necesario, lícito y constructivo. Nos gusta hablar de la crisis, de la corrupción, de los juegos Olímpicos, del jefe de nuestra oficina, de la vecina que se ha divorciado, del taxista que te estafó, de las tarifas de las compañías eléctricas, de lo caro que esta todo, de la limpieza de las calles, de la sanidad, del equipo de fútbol que ganó o perdió, de lo feliz que serías si te tocara la lotería, de lo mal que le fue a tu amigo constructor con todo lo que había ganado en el 2006…. Y un largo etc de cosas que llenan nuestra vida y sobre todo nuestra mente. La vida se vive como si fuera una película que depende de lo que ocurra fuera. Es como si el guionista y el director de la misma no nos pertenecieran.

El mundo está al revés, no cabe duda. Lo que nos entra por los ojos y los oídos, lo que se siente en la calle, lo que nos cuentan los medios  es una tremenda crispación porque, el guión, ese que escriben unos entes misteriosos, o vaya usted a saber, nos lo está poniendo muy difícil. Y cada día aparecen peores escenas que se suman: Guerras, nuevos casos de corrupción, nuevos recortes, más impuestos…
¡¡¡ Esta peli no mola nada!!!

Hace un tiempo empecé a interesarme por la física. Aquella asignatura que odiaba en el instituto con un montón de fórmulas y que te planteaba el típico problema de:” Si un coche sale de un sitio a una velocidad…” Pues yo no entraba en esta materia, me costaba entenderla. Pero, mira por donde, a estas alturas llegó a mi “película” un personaje que se llama Garnier Malet. Este hombre es un físico que ha demostrado, desde 1988, que toda partícula se desdobla, tiene una idéntica pero que está en otro tiempo y viaja a otra velocidad. Esto, dicho así, parece no tener importancia, pero sería la primera vez que se puede demostrar que todos tenemos un doble ( llámese alma,  el Yo, o lo que queramos) que interactua contínuamente con nosotros ( los que vivimos esta película de mal gusto).
No quiero centrarme en este físico, ni en lo que cuenta, ni en sus teorías; cualquiera puede buscarlo si le interesa. Yo de lo que quiero seguir hablando es del mundo al revés y de alguna manera entender por qué esta tan al revés.

Desde siempre el hombre ha obrado principalmente motivado por una idea: Sentirse el centro del universo, un ser superior que puede crear y cambiar su entorno. Puede destruir y construir. Y en eso ha basado su evolución en la tierra. Dicho más claramente: Los hombres estamos convencidos de que la tierra nos pertenece, pero es obvio que somos nosotros quienes pertenecemos a ella. ¡Mira que nos cuesta entenderlo!. Y bajo ese pretexto ha hecho lo menos saludable que puede hacer, es decir, separarse del contacto con la naturaleza. Eso nos lleva a la primera causa del por qué el mundo, el de los humanos, está al revés.
Las sociedades cambian, la tecnología va muy rápida y en cuestión de 50 años hemos incrementado, en todos los sentidos, este empeño por separar nuestra existencia de nuestro origen: la naturaleza.

¿ Y qué más hemos hecho para desnaturalizarnos?.  Voy a volver a la física y a este hombre llamado como la marca de cosméticos. Dice  Garnier, que desde hace millones de años el hombre ha usado el sueño para reparar no sólo el desgaste físico diario, sino también para conectar con ese “doble” que él ha demostrado que todos tenemos.
El sueño tiene sus fases, pero concretamente la fase REM, la fase del sueño más profunda, es la que presenta mayor actividad cerebral y es en la que menos tiempo permanecemos. En esta fase, segun Garnier, conectamos con ” el colega” e intercambiámos información de todo tipo. Esto, según él, nos da otra dimensión de la realidad y nos abre un montón de posibilidades para cambiarla. El doble tiene las respuestas a nuestros problemas, profundos o cotidianos. Si perdemos el contacto con nuestro doble, estamos desconectándonos de otra parte importante de nuestro ser y nuestra vida, en su totalidad, se desnaturaliza y se desvirtua. De tal manera que cuanto más te alejas de tu doble más fustrante y decepcionante es la “pelicula” que vives.
Soy bastante burro para entender determinados conceptos, y sobre todo si te lo imponen por la fuerza o por la fe. Este hombre, con su ciencia por delante, con sus fórmulas y teorías, me dio otra dimensión del problema que acarreamos desde siempre, pero que nos lleva especialmente a esta época, a este siglo 21, en el que todo  aparece ante nosotros como un autentico caos.

Voy a intentar poner un ejemplo con la música, si puedo. Estamos viviendo la mejor época a nivel tecnológico. Podemos aprender casi todo. Existen escuelas maravillosas con profesores especializados que conocen el instrumento y sus posibilidades como nadie y lo saben enseñar como nadie. ¿Y por qué cada vez hay gente más preparada y menos músicos que emocionan?.
Mi punto de vista es que han olvidado que cuando se toca se produce esa conexión con ese supuesto doble. Creo que un músico con talento es aquel que sabe hablar con el alma, que conoce lo que es perderse en otro tiempo, o ir al lugar en donde no existe ( y no me refiero a los baterías que deben centrarse en él). Quiero decir que ese trabajo no lo enseñan en la escuela o en un video; ese trabajo es individual y se produce sin una tecnica, es, si acaso, motivado por la capacidad de disfrutar, por el juego, por dejarse llevar en las sensaciones, por la pasión, por saber imaginar en un mundo sin espacio, sin reglas.
La excesiva preparación  lleva a plantearse otras necesidades o a tener las expectativas puestas en otro lugar. Se piensa que desde fuera se consigue todo, se aprende todo, se planifíca todo. La evolución de verdad no se puede planificar porque se vive por instantes que no tienen tiempo, que expresan lo más profundo de ti: lo que eres. Aquellos momentos que no olvidas y que te hicieron feliz.
Expresarse a través de la música no se estudia. Si alguien piensa que con horas de practica se consigue, yo no lo creo.

Lo natural, lo sencillo, lo que forma parte de nosotros desde que nacemos, lo vamos dejando o cambiando por todo lo que esta “sociedad desnaturalizada” nos propone o mejor diré, nos impone. Nadie se plantea encontrar una evasión tan sencilla como desconectar, oír música, ver una obra de teatro, ir al cine, leer, pintar, escribir, hacer algún deporte, museos, conciertos, pensar o meditar. Todo esto suena a “coñazo”.
La sociedad moderna te propone alguna aplicación nueva en tu smart phone que te aísla en tu trabajo, de tus amigos y de ti.  La sociedad te propone ir de bares como gran actividad lúdica y hablar sobre lo que te raya en el trabajo  y rayarte más. Hablar de fútbol, del fin de semana,  del “pedo que agarraste”… Nada de lo que te proponen te ayuda a ser más tú. Al contrario, vas perdiendote un poquito más cada día, y lo peor, cada noche. El sueño reparador no repara y te levantas cada vez más cansado sin saber por qué. Te vas olvidando de quién eres y sintiéndote más infeliz.

Un mundo al revés es el mundo que perdió el sentido de la vida, el mundo que cree que si te toca la lotería serás más afortunado. El que cree que si ganas pasta haciendo daño al de al lado está justificado.Un mundo que no consigue que te sientas satisfecho, que eclipsó tu libertad para elegir el camino y vivir disfrutando con tu verdadero talento. Un mundo que no duerme bien, un mundo que prefiere destruir un planeta para hacer negocio  porque cree que le pertenece.
Yo no sé si la teoría del desdoblamiento del tiempo funciona. Si estar cerca de la naturaleza y pertenecer a ella con respeto, o dejar de juzgar, podría cambiar este caos; pero si creo en el pensamiento, y si este físico, Garnier Malet, tiene razón, el pensamiento es energía y la energía masa. Por tanto cuidado con lo que piensas porque podría materializarse y suceder. ¿ Os imagináis que toda esta vorágine es el resultado de lo que pensamos?
¡¡Quién lo sabe!!, por mi parte, aquello de: ” No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran”, lo cambiaré por algo más poderoso: ” No pienses de los demás lo que no te gustaría que pensaran de ti”.

Un saludo

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Una Decada con YAMAHA

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Una década es toda una vida para mi hija. Para mi hijo, supondría dos tercios de su vida y para mí, cincuentón, simplemente una parte de ella. Las décadas son grandes pasos, son como transitar por un capítulo de un libro que, a estas alturas, está llegando a los desenlaces más interesantes, los que definen la historia. Porque una vida es un libro, el libro que narra capítulo a capítulo todo lo que te hizo feliz, o te transformó en  el “bicho” más desgraciado de la tierra, aquello que te removió por dentro para preguntar, buscar, perderte y encontrarte.  Es el libro que cuenta las veces que cometiste el mismo error sin aprender, las veces que moriste de risa y de pena. Un libro maravilloso  que vas escribiendo sobre la marcha, sin pensarlo, sólo viviendo. Y el recuerdo, a modo de disco duro, lo va ordenando por décadas. Cada década  cierra un capítulo y cada capítulo guarda una enseñanza.

Cuando mi libro completó una década, ermpecé a tocar y con apenas dos décadas tuve mi mayor desengaño amoroso. Con tres cambié de ciudad, me vine a Madrid, le di otra oportunidad al amor y volví a creer en la necesidad de compartir, de no caminar solo y aparecieron Laura y mi hijo. Con cuatro décadas sufrí la crisis de mi vida, crisis existencial, supongo, y con cinco décadas  empiezo a entender un poco de qué va esta aventura de la vida y lo que ambiciono de ella.

La madurez llega, no la buscas, y un día tu pensamiento empieza a cambiar, no vale lo de otro tiempo pero sigues siendo el mismo personaje del capítulo uno, de la primera década. Y tu libro sigue escribiéndose y tu quieres buscarle un final feliz, pero falta mucho o al menos tú lo sientes así. Hay muchas historias que deseas vivir, que soñaste y que estás empeñado en  añadirlas a los próximos capítulos como si fueras un guionista de una serie de tv en “prime time”.

Pero vamos a lo que vamos: quería hablar de una década concreta, la cuarta, justo cuando apareció Yamaha en escena.

Yo creo que en la vida de todos se mueven muchos hilos y muchas personas que tienen la capacidad de moverlos.  Aparecen situaciones, casualidades, como por arte de magia entran a formar parte de tu “libro”.  La magia no es más que la energía que no ven tus ojos pero que la ve y la fabrica tu corazón. Hay mucho de eso en la vida y casi no le prestamos atención( total no se ve), pero ocurrió que yo tenía inquietudes y sólo conocía un camino para desarrollarlas y ese camino, de pronto, se presentó delante de mí con una difurcación. Esa nueva perspectiva me la proporcionó un amigo. Sí, hay gente que es tu amiga y quiere verte feliz. Mi amigo me dijo: ” La persona que realmente necesitas trabaja en Yamaha”.¡ Efectivamente lo era”! Y conocí a Javier Ochoa, el responsable de Yamaha. Y elegí la difurcación en la que incluía colaborar con esta marca. Nada es casualidad, pero a partir de ese momento muchas cosas empezaron a cambiar.

Hay personas que entienden la palabra “endorser” como una relación comercial y de suma de intereses. Hay gente que lo ve como un fichaje, un contrato que, ilusos, nos da una posición y unos beneficios,( vamos como si fuéramos jugadores de un equipo de primera). No es mi caso. Usar un material, un buen instrumento, es fundamental pero, creedme, la calidad humana de los responsables que hay detrás es lo más importante.

No quiero parecer en este artículo el típico personaje adulador que intenta quedar bien con su marca o que quiere dar la impresión de que esta marca en el mercado funciona mejor que otras o que aquí se hacen las cosas mejor que en otros sitios. No soy pelota pero creo que, en este caso,la persona que hay detrás de Yamaha se merece unas palabras de reconocimiento y de agradecimiento por mi parte.

Javier es alguien que ama lo que hace y desea que la gente que está con él tenga lo que necesita, como endorser, como músico y también como persona. Una marca apoya y te suministra el material que precisas, pero ese apoyo de Javier va más lejos.
Antes de empezar a compartir proyectos juntos, fui a un clínic de un artista internacional de Yamaha, en Madrid. Allí estaba Javier, ayudando en todo, montando, desmontando, cargando, presentando… pendiente de los detalles. Pude ver a un ejecutivo de una multinacional trabajando como si fuera “el mozo de billar” de la empresa. Me sorprendió.

Pasó el tiempo y Javier era cada vez más importante en la empresa, tenía más responsabilidad, pero seguía siendo la persona cercana que se entusiasmaba cuando le contabas un proyecto. Seguía acompañándote, montando, desmontando, etc,etc. Cada llamada que le hice desde el primer momento hasta hoy siempre tuvo una respuesta inmediata. Cada mail es leído y respondido, cada sugerencia escuchada… Nunca había imaginado que el máximo responsable tuviera esta disposición. Si está reunido te avisa y en menos de una hora habla contigo. Yo no sé vosotros, pero cuando intento ponerme en contacto con cualquier jefecillo de cualquier empresilla, siempre está ocupado, reunido…  no se puede poner y  sientes que debes ir a su “caza y captura”. Nunca me pasó con Javier.

Un día fui a las oficinas para comentarle algo y su secretaría que me dijo:”Esta reunido”. Me extrañó mucho!. Cuando bajó vi que tenía que ultimar los detalles con un joven batería que iba a ser el próximo endorser. Para determinada gente  yo soy un batería reconocido,”importante”… Para Javier soy un batería que debe esperar si otro necesita en ese momento una atención. Todos valemos lo mismo y no hay diferencia.
Nunca creí, mirando hacía atrás en la década en cuestión, que hubiera podido escribir un libro, realizar un montón de clínics con músicos, tener una caja signature ( en estos tiempos). Todo ocurrió porque, entre otras cosas, Javier Ochoa y yo compartimos el mismo sueño.
Javier me hizo creer que, en esta época de ideales encontrados, de crisis de todo tipo, de división, de enfrentamiento, en una multinacional hay personas válidas  que se apasionan con lo que hacen, que ayudan y saben dirigir con humildad, dando ejemplo, ilusionándose e ilusionando. Me dijo una vez un empleado de la oficina:” Joder, es que con Javier es imposible hacerse el loco ya que, él que es el jefe, está más implicado que nadie”.

Estoy de acuerdo y creo que la única cosa que nos puede hacer mejores en lo que hagamos es dar y compartir, unir nuestras fuerzas en una dirección. seamos marcas, empresas o individuos.

¡Gracias Javier y gracias Yamaha!

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¡Viva la diferencia! (2ª parte)

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…No dejo de pensar en lo importante que es para una sociedad valorar la diferencia como individualidad y saber potenciarla desde la familia, la escuela y mas tarde, cuando somos adultos, en nuestra vida profesional.

Soy músico y no conozco  todos los estratos de la sociedad, pero basándome en lo que  he vivido quizás pueda explicar este concepto.
En la música, como en cualquier otro arte, lo más valorado es el don de transmitir, la capacidad de sentir algo y provocar lo mismo en el oyente. El músico puede emocionarse y emocionar, puede cambiarse a si mismo desde su instrumento y a través de él renovar la mente de otra persona. Puede alimentar el alma de un pueblo y transformar su pensamiento. El arte tiene esa propiedad casi divina de hablar de corazón a corazón. Entonces, ¿cuál es el verdadero trabajo de un músico?, ¿en dónde se basa su preparación?, ¿dónde deberíamos concentrar el esfuerzo, la constancia y la superación?.

Me fijo mucho, desde siempre, en la actitud de la gente que admiro. Músicos que suben al escenario y se entregan. Músicos que, como por arte de magia, te enseñan su alma y te hacen vivir con ellos un viaje por el mundo de sus sueños, de sus miedos, de sus alegrías y de sus tristezas, y te hacen partícipe, sin casi tu saberlo, de la esencia que todos llevamos, de lo que nos une y de lo que nos hace distintos pero a través de su visión. Y nos hace recordar que todos tenemos unos ojos para ver lo de siempre, que todos tenemos un corazón que sabe reir y llorar pero que es de cada uno y pertenece a cada uno. Algo nos recuerda y nos anima a dejarnos llevar y sentir, con la facilidad que lo hace una melodía que entra por nuestros oídos y nos hace vibrar.  Alguien nos recuerda con su instrumento que estamos vivos y que, por tanto, podemos sentir todo lo que nos permita nuestro corazón. Y eso, todo eso, se mueve a través de una melodía basada en siete notas, siete notas que vibran como vibra el universo. Y esa acción tan simple nos puede hacer felices por un momento, un momento sentido y compartido.
¿Y por qué es importante la diferencia?, porque cada corazón es único y es libre, porque no podemos sentir igual siempre y en cada momento. Eso es lo maravilloso de existir y lo que deberíamos de aceptar para esforzarnos en no ser clones de lo que admiramos.

Cuando empecé a tocar solo tenia ídolos a los que imitar, técnica que aprender para aproximarme a lo que hacían mis baterías favoritos. Intenté llegar y cuanto más lo conseguía más me fustraba. ” Mierda, ahora que sé hacer esto, ya no lo disfruto”. Y así seguí colocandome dentro de un lenguaje y empecé a rechazar recursos con los que no me sentía cómodo aunque en otros me parecieran increíbles. Empecé a distinguir entre lo que era imitar y aprender. Llegué a entender que la técnica no tenía ningún valor si no la usaba para contar mis propias emociones y comprendí que lo realmente difícil era ser tu mismo y hablar con tu propia voz.
Algunos alumnos me preguntan sobre cómo hago tal cosa o como grabé tal otra. Siempre trato de ayudarles diciéndole que tocar algo en un momento es solo circunstancial, casi anecdótico, que mostrarlo y aprenderlo no es tan importante y que yo no soy más que lo que puedo ser y que todos debemos encontrar un sitio donde nos podamos expresar. Intentar copiar lo que hacen los demás es un proceso necesario al principio, pero a la larga no es nada provechoso. Cada uno tenemos algo que nos distingue y que es justo en lo que debemos trabajar. Un músico no es solamente estudio, práctica, horas de repetir modelos  o técnicas que te hagan ser más o menos virtuoso. La preparación de un músico es en parte técnica pero existe otra parte, la más importante, que es buscar el sitio donde podemos comunicar y ser nosotros mismos.

Pasan los años y sigo escuchando a muchos baterías, de todas las épocas y siempre me fijo en el estilo, en el lenguaje y en su actitud frente al instrumento. Algunos me ofrecen algo que técnicamente me ayuda a mejorar mi lenguaje y lo agradezco. Pero me influye mucho más ver a un músico seguro de lo que quiere contar, creyendo en lo que hace y dando lo que tiene. Eso es muchísimo más motivador y beneficioso que aprender 200 “chops”.

¿Y qué tiene tu vecino que no tengas tú? Pues averígualo y trata de compartir lo que tu posees y que él carece. No es ser más ni menos, es simplemente ser y ayudar a que los demás sean. Así que aprecia lo que te diferencia y reafirmarte en ello, no es malo, es necesario, aunque no tenga nada que ver con lo que ves en tu querido y admirado baterista de turno.

Una vez un médico me dijo que el signo de la evolución son dos peces, idénticos, la única diferencia es que uno está encima del otro y en direcciones opuestas. Si a un pez lo enfrentáramos a otro se bloquearían  y sería entonces el símbolo de la involución.
No somos tan distintos pero debemos ser libres para elegir la dirección en la que necesitamos caminar y en eso se basa la diferencia.
¡Viva la diferencia!

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