COSAS DEL DIA A DIA: Creo que…

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Creo que no hay nadie que no crea, creer es la visión de una realidad que, a veces, se presenta clara, transparente, hostil, amable, distorsionada, cruda o, rara vez, de ensueño.

Creo que estoy en un mundo difícil y duro. Un mundo que busca la lucha, la separación, el enfrentamiento y la destrucción.

Creo en el hombre y en su capacidad de cambio.

Creo que estamos totalmente engañados y dirigidos, que nos han dicho que debemos protegernos de cada individuo que nos crucemos en nuestra vida, que somos extraños, que podemos hacernos mucho daño, que así ha sido y así será.

Creo que toda esa lucha de clases es un invento que todos nos creímos y al que seguimos jugando siendo partícipes de ese ranking, de subir un escalón, de intentar ser más alto, ascender,  llegar un poco más lejos y tener más que el vecino, incluso más  de lo que somos capaces de imaginar.  Tener todo lo que se pueda tener aunque no lo necesitemos.
Y creímos que tener todo era lo mejor. Que luchar por lo nuestro era compartir un único ideal,  dar sentido a una vida. Y morir por ese ideal sería el honor y la máxima entrega de un ser humano.
Y creí en tantas cosas que dejé de creer.
Creo en el hombre y en su capacidad de cambiar, pero¿ hacia dónde?. Ayer hablábamos de política con unos amigos, compartiendo una tertulia. Y nadie me dijo a qué partido les gustaría votar porque sencillamente no existe, no ha surgido la verdadera ideología del siglo XXI, o quizás, si existe, no somos capaces de verla. Es cierto que hay una gran crisis o, mejor dicho, dos. Una es económica, que es una ilusión, un delirio de unos cuantos que perdieron el sentido de la vida desde hace muchas generaciones y pensaron que un planeta y sus habitantes les pertenecían. Que creen, en su locura, que pueden manejar e influir en la mente de cada persona, y lo han conseguido en parte. La segunda crisis es la más importante, la verdadera, la que realmente nos afecta a todos en lo más profundo. Es la crisis de valores, o diría de “valor”. Tanto decirnos que en la vida todo vale algo, que todo se contabiliza en algo, que ser un ganador se traduce en cuanto ganas, que disfrutar de una vida quiere decir tener más y más, que todo es economía, cifra, poseer…  Tanto nos lo han repetido que, finalmente, nos lo hemos creído. Hemos creído en la competencia, en ganar y perder, en tener todo a costa de lo que sea, en almacenar porque el futuro puede ser terrible, en querer dejar todos tus ahorros para que tus hijos tengan todo solucionado, creer que lo importante de verdad en esta vida lo rige el dinero, y que sin ese dinero no somos capaces de “ser”. Ser, justamente lo más sencillo y para lo que estamos predestinados. Pregúntale a un niño de dos años… Él sí sabe ser y no tiene ningún pudor en demostrarlo.
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Creo que nada que nos pasa es por casualidad, que todo tiene un por qué y que nuestro deber es averiguarlo. Creo que si no somos felices en nuestras vidas es porque creímos en algo que nunca sentimos y continuamos creyéndolo. Creer es algo natural, pero sentir es la clave para ser uno mismo. Si no sentimos lo que vivimos quizás únicamente creeremos muchas cosas: ideales, nacionalismos, religiones, teorías,  al ABC, al País, a la bolsa, a mi nación, a mi Iglesia, a los de mi equipo de fútbol, de mi partido, de mi pueblo, a los de mi calle… Y pasan los años y nunca creíste en ti, en tus pensamientos, en tus sentimientos, en tu mundo… Siempre te dijeron por donde ibas o debías ir, por donde estaba tu camino, por donde observar, mirar, pensar, soñar, invertir tu dinero, tu tiempo… y lo creíste. Y ahora, cuando sabes que todo es una gran mentira, no sabes mirar a tu corazón y creer en ti…

Creo que no debemos aceptar este mundo que nos muestran, que se empeñan en vendernos con unos valores que únicamente analizan números, mercados y estadísticas. No es fácil salir a la calle y mirar a la gente que transita y sentirlos como amigos, no es fácil mirarlos y tratar de esbozar una sonrisa o un intento de mueca que transforme nuestro rostro agrio en una cara amable. Es difícil encontrar esa misma expresión amable en otro rostro pero, ¿existe?. Quizás si yo me esforzara podría conseguir algo que no veo en mí, y quizás si alguien mirara mi rostro amable cambiaría el suyo.
Este ejemplo tan tonto representa todo en lo que yo creo. Creo que cambiar empieza desde uno mismo y no se pueden conseguir cambios sin darlos, como no se puede encontrar amor sin darlo, como no se puede ser feliz sin compartir.

Creo, creo y creo y… ” Creí en tantas cosas que dejé de creer “.

Empezaré de nuevo…¡Creo en mi!

Salud!

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