VA DE GIRA: ” Estimado Publico”

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Oaxaca 3 de noviembre

12.20h.

Siempre he visto al público como una mujer a la que tienes que seducir. Sacas tus encantos, le dedicas tus mejores palabras, tu mejor mirada, tu mejor sonrisa y te esfuerzas para que esa mujer te devuelva la mirada y el beso que te traspasa el alma.  Das y recibes…
El escenario es una ilusión. Hay unos personajes que juegan  a este cortejo con una música que te envuelve, con unas luces, un espacio y unas letras. Todo es irreal pero está ocurriendo. Las emociones recorren el corazón de cada persona que vive ese momento. Todos, arriba y abajo, se unen en un mismo sentir.  Un vínculo sencillo, profundo y adictivo.
Cada concierto es distinto, cada sitio te sorprende porque nunca suena igual, cada público late con su pulso y se entrega de una forma única. Muchas veces he escuchado: ” Qué público más frio”. Y siempre he pensado que simplemente es que se expresa de otra manera  o  quizás es frio porque no hemos sabido darle verdadero calor o, quién sabe,  podría ser simplemente el reflejo de nuestra frialdad.  En general, no hay público malo sino concierto desacertado.

El público ha cambiado y no depende sólo del país o de la ciudad, depende del espacio. No es lo mismo tocar para 40.000 personas que para 500. No se genera la misma energía, ni la tan añorada “comunión” surge de igual forma.
Me gustan los teatros, las salas pequeñas donde todos nos vemos, donde puedes casi controlar la expresión del espectador. Esta gira de ” Canciones para una crisis”, es así. En los estadios, sin embargo, todo se agranda para perderse. El público se convierte en una masa humana. Es una manifestación grande, espectacular pero impersonal. El fervor de 40.000 personas es impresionante, te sube la adrenalina. Entiendo que cuando un artista como Joaquín convoca a tanta gente es una idiotez hacer 30 conciertos seguidos en un teatro, sobretodo por una sencilla e importante razón;  su voz desaparecería… Lo entiendo, pero aparte de eso, el placer de sentir a un público cercano no tiene comparación, por mucho que excite el  griterío, la energía y los ingresos. De acuerdo, todo vale y todo da satisfacción, pero si me dan a elegir…

Por cierto, como ha cambiado el estilo del público que asiste a un concierto del 2013 comparado con los conciertos de finales de siglo pasado. No ha transcurrido tanto tiempo desde aquellos conciertos en los que a la gente se le decía en la entrada: ” Está prohibido pasar con cámara de fotos o de video”. La entregaban y se la guardaban en consigna.(¡Qué traviesos! Ir a un concierto con cámara de fotos).
Recuerdo ver a algún gorila quitarle  la cámara a un espectador y el resto mirar como diciendo:” malo, desobediente, irrespetuoso, no se hace”. ¡Qué eficiencia la del seguridad y que público más cándido!.
Si ese mismo público se vieran 10 años más tarde, no se reconocerían. Cómo se degrada el ser humano. De un año para otro el público empezó a tener la maquina más puñetera y más ” flipante”: el smart phone. Sí, puedes grabar, hacer fotos, colgarlas en internet, ser “trending topic” y no haber pasado de la mitad del concierto… Es espectacular y casi cómico. A veces ves a un espectador tratándose de poner en una postura imposible delante del escenario para sacar una foto en la que aparezca él y Joaquín, en este caso. Luchan, se esfuerzan, se  pelean con los de seguridad, insultan, cantan, graban y todo eso lo combinan con escuchar.Y luego dicen que los baterías tenemos independencia…
He visto a muchos espectadores hacer lo más extraño pero el caso más extremo fue en una gira por Argentina…Empezó el concierto y un tipo discutía con un seguridad a un lado del escenario. Parecía que le estaba dando la bronca y pensé que querría entrar a los camerinos o algo así. Pasaban los temas y seguía gesticulando con el gorila. Llegó un momento que pensé: ¿ Qué le estará pidiendo que es tan importante como para perderse todo el concierto?.Cuando llegué a la Magdalena, tema que descanso, me picaba tanto la curiosidad que bajé del escenario y le pregunté al guardia: ” Ché, qué quiere ese bolúdo?- haciéndome el argento. ” Me pregunta que como me llamo y no se lo digo”.
No me lo podía creer..  Seguí tocando y el personaje atravesó toda la multitud y situándose en el centro le preguntó a otro seguridad por el nombre de su víctima. Consiguio el nombre y se puso a dar saltos señalándolo y haciendo gestos como si le hubieran premiado en la lotería… Evidentemente, era un tarado o lo que tomó esa noche estaba en mal estado.

Es un caso extremo pero el espectador medio, como poco, hace un reportaje de fotos y un par de vídeos cantando a la vez, que luego colgará en youtube. Algunos suenan horrorosos, sobretodo los que reproducen más fuerte la voz desafinada del realizador del video que la del propio cantante. Pero, y lo felices que se sienten, orgullosos de haber podido estar y haber podido dejar un testimonio.
Al principio me molestaba ver desde el escenario a un público más empleado en ser un paparazzi que en escuchar unas canciones. Es el síndrome del turista japonés, que si no hay foto y la enseña no ha estado. O lo que nos pasa a los hombres que cuando tenemos un lío con una chica guapa y lo contamos es cuando sentimos el verdadero orgasmo. Ahora lo acepto y pienso que la tecnología nos ha transformado a todos, público y músicos. Yo también ando con mi Iphone haciendo fotos a la vez que toco y controlo el repertorio para ponerlo en mi FB. Así que creo que todos estamos contaminados y, o te adaptas o mueres.

El público es como la vida misma. Hay muchos que van a un concierto a escucharlo, a disfrutarlo, a corear cuando parece que toca, a hacer palmas cuando parece que es el momento y otros, quizás por no estar seguros de cuando es ese momento participativo,  prefieren cantar todo el concierto, hacer palmas en la parte más íntima de una balada, y gritar desafinando y empujando al de al lado. Saltan moviéndose como si estuvieran poseídos… Pero es su manera de expresarse y viven el concierto como si no hubiera futuro.

En Mexico una vez, en un sitio pequeño, Aguascalientes, creo, con el público sentado, había un espectador muy alto que se levantó y empezó a cantar y a meterse con los de atrás que le pedían continuamente que se sentara. No obedecía y en vez de sentarse les sacaba el dedo y les insultaba. Los de seguridad eran muy flaquitos y jóvenes y estaban acojonados. Bajó Jose Luis, nuestro ” road manager “y le pidió que se sentara. En vez de obedecer la tomó con él gritándole: ” Español vete a tu tierra, pinche hijo de puta”. Se abalanzó sobre él y le lanzó un puñetazo en el pecho. El gordo no se lo pensó y como un resorte le sacudió un guantazo en toda la oreja. El tipo desapareció como si lo hubieran abducido desde el suelo. Se levantó humillado y con un pitido de oído que se podía sentir en su rostro, se fue maldiciendo, aunque ya no le quedaba orgullo, solo picor. Desde entonces Jose Luis es mi héroe…

En general, el público ha cambiado, es cierto, van a ver un espectáculo en donde quieren compartir todo, y esa libertad para demostrar lo que sienten les hace felices. Y a nosotros también indirectamente. Lo importante es apreciar ese cariño mutuo y esa entrega. Es lógico que la adoración que sienten por Sabina la muestren con pasión y con calentura, es lógico y a nosotros nos anima. Pero el problema, si es que lo hay, es que existen tres generaciones que vienen a escuchar a Joaquín y cada una disfrutan de diferente manera el mismo concierto. Los hay de 60 años, de 40. hasta de 18 o menos. Es lógico que algunos quieran escuchar sentados, otros de pié, otros cantando y rodando, otros saltando y berreando… Hay para todos los gustos y de todos los estilos.

Estimado público… En cualquier caso, salvo excepciones, sean de la generación que sean y cualquiera que fuere su manera de expresar la emoción, siempre tendrán razón y que sepan que dependemos de ustedes. La música es nuestra vida pero si nadie la escuchara nada tendría sentido…
Siempre agradecido
Un músico

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2 Respuestas

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  • Julio el

    Cierto, yo también prefiero tocar para público reducido, o asistir a escuchar música en sitios reducidos, cercano, como la buena magia de cerca, sin muncha parafernalia. También depende el tipo de música, o artista. No imagino a Michael Jackson si no es por todo lo alto, pero eso es espectáculo. Prefiero escuchar a Paco de lucía y su banda cerca, en lugar de en un gran escenario de lejos por muy buen sonido que exista. Yo con mi proyecto a parte de teatros I salas, también suelo tocar en casas, en lugar de pizzas, música a domicilio. El clima que se forma es muy especial, creo que así se sienten las canciones, un espectáculo de luz sonido e imagen es otra cosa, que es lo que se consigue y se busca en los mega conciertos. Bueno Pedro, esperando ya al próximo Domingo como una buena costumbre que ya he adquirido 😉 saludos!!


    • Pedro Barceló el

      Completamente de acuerdo, Julio. Lo de tocar en casa debe ser de puta madre… Gracias por leerme. Un abrazo!!


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