El arte de ser lo que pareces

Llevamos meses trabajando sin tregua en nuestro nuevo disco. ¡Qué digo meses, años!
Hay mucha ilusión puesta en cada una de las fases que vamos dejando atrás, mucho esfuerzo.
He pasado de escribir unas letras a aprender a manejar una cámara ( el primer día no sabía ni como montar el trípode); he aprendido a editar más o menos; he cantado todas las canciones que hemos compuesto ( bueno, todas menos una…) ; he hecho los coros, ahora estoy haciendo los bocetos para la portada del disco… ¡Y lo que me queda!
El otro día los Sweet Wasabi, hablábamos en la cocina durante el desayuno, sobre el papel del artista musical y su relación con la obra.
Hasta hace nada, lo normal y necesario era tener una compañía discográfica que se encargaba de todo lo que estamos haciendo nosotros. Todavía hoy hay muchos artistas que funcionan así.
Es muy costoso hacerlo todo, se tarda mucho tiempo, te metes a hacer cosas que no sabes hacer muy bien, pero poco a poco vas creando tu estilo. La proyección tiene que ser coherente con la obra.
Aunque suene un poco trascendente, incluso pedantillo, creo que la mejor manera de que la gente reciba sin interferencias lo que realmente quieres dar, es teniendo el control absoluto de todo lo que rodea a tu música.
El otro día, tuve la suerte de ver en un canal de pago un concierto de Anthony and The Johnsons. El espectáculo se llama “Turning”.
Era extraño y no entendía muy bien el significado porque cuando me puse a verlo, el documental ya había empezado.
Salían unas mujeres hablando sobre sí mismas. Hablaban de sus vidas como niñas, como adolescentes, del sufrimiento que les había costado llegar hasta allí… Al rato me di cuenta de que esas mujeres luchadoras habían nacido hombres y que las canciones que Anthony cantaba en su espectáculo, hablaban de cada una de ellas, de su historia, mientras aparecían en el escenario girando sobre sí mismas.
Giraban una y otra vez porque ese era el mayor logro de su vida, haber conseguido el cambio. El giro que hacía que pudieran mostrarse por fuera tal y como se sentían por dentro.
Es un espectáculo muy interesante y un documental conmovedor. Pero lo que más me gustó fue la actitud de Anthony. ¡Cómo hacía partícipes a todas! ¡Cómo estaba implicado al 100% con cada minuto del espectáculo, con cada miembro de la compañía, con cada cosa que ocurría incluso fuera de teatro!
Para mí, eso es lo bonito de este camino de la creación y aunque cueste mucho esfuerzo, si al final consigues que tu mensaje llegue sin aditivos ni alteraciones, todo el trabajo merece la pena.

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